Cuantos años pasamos sin saber lo que era una mujer
en tocarla, en besarla, en depositarse en ella
En sentir lo ardiente de sus senos y el aroma de
su cuerpo, en sentir la sensación de miedo y
después un placer indescriptible del cual no existen
palabras para expresarlo, ni diciendo “un éxtasis
embriagador”
Muchos, muchos años en que solamente escuchábamos
a los amigos señalar que esas sensaciones se habían
posesionado de ellos de uno, de varios, de todos
Nos entró la curiosidad, el deseo de imitarlos, el saber
lo que sentían por sus pláticas y ademanes, la locura
que experimentaban, el percibir como iban y venían
a otros mundos por nosotros desconocidos
Comenzamos complaciéndonos a sí mismos
Sentíamos que la cabeza giraba, y nos lanzaba al espacio
en donde nada se veía solo negros, vacíos y una
sensación de drogado
Después el orgasmo, el cansancio la fatiga, las ojeras
el temblor de manos y los nervios crispados a punto de
estallar, entonces supimos que era onanismo y que era
pecado practicarlo
Cumplímos la mayoría de edad, y casi a arrastras nos llevaron
ante una mujer llamada puta, una que nunca se nos olvidará
Nada dulce, nada tierna, ausencia de besos y caricias, no como
se había pensado
Repugnancia de la mugre y el descontento de la amargura de
boca, la pena que se sentía se metía hasta los huesos
y la lástima que nos invadía se tragaba nuestra sorpresa
Pensábamos que iba hacer diferente caricias y mimos
Y nos dijimos ¿Eso es ser hombre?
Que lejano se estaba de serlo
Corrieron los años y con ellos la juventud, vinieron
las novias, los tactos, de nuevo los besos, la excitación
Y el auto control de no cometer estupideces, de comprometerme
de no ir muy adelante porque caro se pagaría
Ya no se recuerda quien nos enseñó que con el honor de una mujer
no se juega y sin embargo muchas veces no hicimos el menor caso
porque las obligábamos a base de mentiras y falsedades a abrir
las piernas
Y llegó la confusión; es amor o deseo, el mezclar los sentidos
ganas de poseerla para saciar los instintos, o se espera buenamente
a casarse dignamente bajo las leyes de Dios
Por desgracia en la mayoría de los casos la tragedia hace presencia
Rencores, culpas, desatinos
El despertar y ver que no es lo que se anhelaba, se empiezan
las comparaciones dentro del ritmo de la vida cotidiana
Es tan difícil la vida, hemos perdido valores, los hemos relegado a
los rincones
Que deseamos para los hijos, para nosotros, para ella…
El divorcio a la larga mata, marca, aunque en su apariencia libera
Y se piensa solo en uno, ya no en los demás, te entregas con la
que mejor te acomodes, la que menos exija, la que menos te llore
Ya no quieres dramas, responsabilidades, ahora quieres aventuras
y vas en busca de ellas y al rato volteas la cara ¿y que encuentras?
solo hogares destruidos
Tus hijos si bien les va, se sostienen por si mismos, pero cargan
amargura, les pesa mucho la cruz, la que tú les impusiste
con la que los señalaste solo por banal y vanidoso
Y viene la soledad, la señora Soledad, la que no aceptas en un
principio como desgracia sino como bendición, porque no quieres
doblar las manos y reconocer tus fallas, porque a ti nada te falta
Que equivocado estás, solo con tus penas y fracasos
Porque son fracasos aunque vaya bien en los negocios y ganes
mucho dinero, pero tu vida es un inmenso vacío que no sabes con
que llenarla, nada te satisface ni tu imagen en el espejo
Y te pones la máscara de alegría, la de despreocupación, que vean que
todo te vale un pito, que todo te importa madre, porque nunca vas a
aceptar que fallaste y siempre culparas a la otra, a la que tengas
enfrente, pero nunca a ti por el miedo a conocerte como en realidad
eres
Y cuando se acuerden de ti, si bien se recuerdan, será para maldecirte
nunca para alabarte, más bien para avergonzarte
Más eso te tiene sin cuidado, gritarás ¡viva la vida! la que vivo a mi manera
no como quieren los demás!